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En Azul Liviano, Camila Lamarca nos permite entrar en un espacio suave, acallado e intimista. Una muestra hecha en susurros, modestos pero seguros en sus pasos.
Como cualquier caminante que sabe a dónde se dirige, las obras son firmes; están ahí en toda su
presencia, invitándonos a adentrarnos en su apariencia, su superficie, su forma.

Lamarca se sensibiliza de toda herramienta y de toda textura… Sabe que no existe un material ajeno al
mundo del arte y eso le permite someter la materialidad a tensiones, levedades y otras características.
Todo bajo una paleta concisa y clara.
Es así como se concibe un entendimiento del color. Es así como nos es posible medir una absurda e
invaluable física del color.

Una praxis que abarque lo abstracto se posibilita desde la sensibilidad, para así concebir nuestro
entorno, el mundo que tenemos ante nosotros. Esa es la premisa de esta exposición.